viernes, 14 de octubre de 2011

Acto Homenaje a Librería Relieve en el Ateneo Republicano de Valladolid

Momentos antes del Acto Homenaje en el Ateneo Republicano. De izquierda a derecha, Olga Saldaña (violín), Francisco Rodríguez (Ateneo), Félix Cuadrado Lomas (pintor), Pepe Relieve (librero) y Ramón Torío (médico).
El trece 'le gusta' a Pepe y precisamente ese número, que le es tan próximo y 'tan difícil de olvidar', no en vano es su día de nacimiento, y como, –'las casualidades, no existen' , le oí decir a una amiga–, también ese día 13 fue el que se llevó a su hermano Domingo, hermano mayor y fundador de la librería Relieve. Así que, en estas presentes sinergias o albores, que demuestran cuánto y cuantos guardan y se emocionan entorno al la palabra 'Relieve', ha querido ser ahora en este otoño tan veraniego, recoger el fruto madurado de quienes en el Ateneo Republicano de Valladolid, hacía tiempo que venían pensando hacer este merecido homenaje. Razones no les faltan. Así fue como en la conveniencia de elegir un día para ello, Pepe eligiera el 13 de este octubre.
  
José Rodríguez Martín, 'Pepe Relieve', cofundador de la Librería Relieve, al término del acto.


















Los que pudimos asistir, comprobamos ciertamente como el espacio de la amplia sala, se reducía y como si el sencillo y emotivo acto, quisiéra que todos los asistentes, nos juntáramos, apiñáramos, arrimáramos nuestros hombros y difrutáramos de las voces sosegadas de los que tánto tienen que decir y que dan sentido a la palabra escuchar. No porque tuvieran que sentenciar nada, ni arbolar bandera, sino por que transmitían la propia vida. La que vivieron  en aquellos años más que difíciles a duras penas y lo hacían con la sencillez llana de nuestros abuelos. Enternece escuchar a Félix con su voz tan sincera como sueve y profunda, que siempre redondea alguna frase con alguna palabra casi susurrante en admirables exclamaciones.  !!! Qué decir de Pepe, librero - poeta, –dice que empezó de listero–, yo digo que sería merecedor, si lo hubiera en Doctor Honoris Causa Documentalista. Señor, que memoria. Al igual que lo hiciera Felix, que intervino después de él, centró sus palabras a modo de recorrido auto-biográfico, como si aquellos, desconocieran  ese curso de sus vidas... Y realmente, fue así. Me quedo entre muchas anécdotas, con la imagen poética de cuando relata la partida de su familia para Francia y su madre 'lo único que no quería dejar aquí, eran sus juegos blancos de cama'. Evocadora imagen de una fuerza sobrecogedora del Neorealismo Italiano, con el mismo argumento que magistralmente nos muestra Vitorio de Sica en la magistral El ladrón de bicicletas. Como para no emocionarse. Emociones que se fundieron en calurosos aplausos. Fue Ramón Torío para finalizar, quien vino a poner el énfasis en la labor editorial de la librería con esas aportaciones tan ricas a escritores, poetas, pintores, en los que al valor añadido de los hermanos editores, se unían tantas personas de ese mundo intangible de amistad y cultura que era Relieve. Francisco Pino, José Jiménez Lozano, Justo Alejo, Francico Sabadell, Félix Cuadrado Lomas, Santiago Amón, Jorge Vidal, y tantos otros, que conversaron desde el antiguo banco o banzo de la librería en Cánovas del Castillo, como Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Buero Vallejo, Andrés Trapiello, Fernando Zamora, Pablo Ares, (...) Ellos mentaron a algunos de estos, y atros, pero son tantos los que han pasado y siguen pasando por la Librería Relieve, que este tiempo de redes, esta parte de la historia viva, del espacio de la amistad y la cultura, la lectura, las páginas, los libros, los recorte de prensa del hoy al amarillo, el arte, el pensamiento, el diálogo, siempre la amistad, siempre el recuerdo y siempre con el ánimo intacto a pesar de la invisibilidad aparente, el polvo y el olvido, este Relieve, hace bien honor a su nombre, pues resiste y lo hace con la naturalidad del paisaje castellano, con la sencillez llana de sus gentes, que a lo largo de la historia han sabido ser pacientes, como el barbecho resite el frío del invierno y el descanso en la oscuridad de los días, para luego con el tiempo propicio  de las lluvias, hacer brotar de las tierra el verde y florecer con los rojos pétalos de las amapolas, tan rojas y vivas notas en el campo que, no  es extraño que en términos poéticos, sean las amapolas flor para el recuerdo en el país de Shakespeare.
Como en todas las obras hay un comienzo y un final o quizá sea más preciso decir, un prólogo o preludio y un epílogo.  La mejor forma que conozco de empezar cualquier cosa, cuanto más una de este tipo, es con la música. Así la música abrió y cerro el homenaje. La responsable de ello, fue la encantadora y amable violín, la joven Olga Saldaña. Era practicamente imposible verla entre tanta gente como había. Sonaron tan claras las notas que musicaba su arco, y esa claridad musical fue tejiendo  una red invisible que nos atrapó a todos como si fuéramos uno solo.





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